miércoles, 18 de julio de 2012

Criticando y volviendo a criticar

Con qué facilidad el ego toma el mando y empieza a expresarse juzgando lo que ve a su alrededor. Esto es especialmente notable cuando nos desagrada algo y buscamos a través del juicio hacer a otros partícipes de nuestras convicciones. Muchas veces nuestras críticas apuntan mucho más allá, y englobamos a toda una persona o grupo de personas bajo una clasificación debida a una acción puntual.


Hagamos algo para aproximarnos a esto, preguntémonos "quién soy yo" pero desde la perspectiva de las personas que interactúan con nosotros día a día, conocidos y desconocidos. Nos podríamos encontrar con respuestas desde sus hipotéticas bocas como:
(un vecino) "eres una persona discreta y silenciosa"
(alguien que coincidió contigo en una fiesta) "eres un chillón"
(un conductor que iba en un coche como tú) "eres un conductor amable porque me has cedido el paso"
(otro conductor): "eres un maleducado porque no me dejaste incorporarme a tu carril"
y tantos otros ejemplos...


¿Quién o qué somos en realidad? Nada de eso. Todas esas conductas por las que otros nos han juzgado han sido sólo eso: hechos sueltos. Sin embargo solemos buscar hechos repetitivos para definir a una persona, pero vuelve a ser lo mismo: hechos sueltos que se repiten más o menos veces. Cualquier conducta o acción tiene un inicio y un fin, ya que su naturaleza profunda está vacía. Por lo tanto ¿qué somos? Lo más aventurado sería decir "somos algo o alguien que hace cosas". ¿Puede ese algo ser bueno o ser malo? En realidad no, porque lo que en verdad calificamos como tal, dentro de un contexto social (y como tal relativo, no absoluto), son los hechos sueltos, las acciones. Aquí tenemos la advertencia: en realidad estamos juzgando las acciones, no a las personas.


Teniendo esto presente evitamos caer en el juicio del "ser" para indicar algo en el aspecto del "actuar en un contexto social". La existencia profunda de cualquier cosa es impermanente y vacía. ¿Puede este Vacío ser bueno o malo? ¿Flaco o gordo? ¿Madrugador o perezoso? Con los juicios sobre lo que algo "es" sólo nos condicionamos a nosotros mismos a mirar las cosas desde un único ángulo... y todo está sometido al cambio según la Ley de la Naturaleza. ¿Qué razón podremos tener entonces al respecto?

Si una persona hace una mala maniobra al volante es preferible decir "esta persona acaba de hacer una maniobra peligrosa/imprudente", antes que decir "este tipo es un mal conductor" (por no poner ejemplos cotidianos más malsonantes). ¿Conocemos en realidad cada minuto y cada segundo de la vida al volante de esa persona? ¿Acaso no puede estar en una situación límite de nervios o alteración debido a un problema y por ello hacer una mala maniobra al volante? Esto no justifica las "malas acciones", sólo pretende prevenirnos de confundir el "ser" con el "hacer una acción puntual".

Es preferible no dejarnos llevar por los juicios del ego. Pero vemos en el día a día más cotidiano que estas cosas suceden. ¡Estupendo! Usemos esto como un ejercicio de práctica, similar a la meditación vipassana (por favor, entiendan que no me refiero a que sea lo mismo, sino un enfoque similar). Cuando alguien haga algo y por el motivo que sea tengamos que comentar o valorar esa acción digamos "esa persona ha hecho tal cosa" en lugar de la crítica limitante y falsa de "esa persona es tal cosa". El juicio inmediato del ego es algo que se puede truncar viendo qué cosa está naciendo en nosotros (qué emoción, qué sentimiento, qué juicio de valor) y en base a esto comunicar algo no dependiendo del ego.

"Las cosas son como son", no buenas ni malas, mejores o peores y tienen su causa que les lleva a expresar su propia naturaleza. La causa última de todas las cosas (la verdadera "culpable" de todos los hechos) ha dado lugar a lo que hay de bueno y de malo, de dañino y de benefactor... ¿quién juzga la causa primera como esto o aquello?

Sin juicio, limitamos la expresión del ego y las cosas vuelven a ser simplemente cosas. Y pudiendo ver la naturaleza expresada en esto y en aquello, la Paz aparece por sí misma.

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