miércoles, 19 de agosto de 2020

DESPEDIDA Y CAMBIO

Estimados lectores,

El cambio y la impermanencia de todas las cosas es algo que no podemos negar y que alcanza a cada circunstancia y a cada cosa. Debido a ello, y con el deseo de seguir compartiendo el Dharma desde la experiencia, lo mejor que se puede o se sabe hacer, decidí hace unos meses empezar un nuevo blog con otra manera, otro estilo, quizás más cercano o directo.

Tras comprobar su marcha durante este tiempo se ha decidido dejar de aportar información a este blog para centrarse exclusivamente en el nuevo:


http://unaluzsinfarol.blogspot.com/


El proyecto de "El Tao del Dharma" se llevó a cabo con el objetivo de dar a conocer lo más fundamental de la enseñanza del Buddha, y presentar para aquellos que estuvieran interesados el Curso Fundamental de Budismo en la línea del budismo ch'an del maestro Xu Yun.

Debido a que este ofrecimiento sigue presente como formación gratuita, este blog seguirá visitable para los nuevos interesados.

Con el más sincero deseo de que todos alcancen la paz liberadora.

Wù Liáng Shakya

jueves, 16 de enero de 2020

Un Zen universal

Después de tantos años, me parece que no podemos negar que la enseñanza del Zen ha llegado y se ha asentado en lo que consideramos como Occidente. Principalmente nos referimos a ello conociéndolo inicialmente -en la mayoría de los casos- a través de su legado japonés, debido a que fueron maestros de esta nacionalidad los que primeramente vinieron a enseñarlo. Actualmente también son célebres también maestros de otros países de origen asiático dentro de esta gran familia dhármica, como el maestro chino Sheng Yen, o el vietnamita y muy popular Thich Nhat Hanh.

Pero la experiencia que brota del cultivo de esta práctica es absolutamente universal, de igual modo que la liberación no es ni budista ni no-budista, sino una condición esencial que está ahí disponible para todo el mundo que esté dispuesto a quitar las ataduras que le atrapan, tanto en el apego como en el enojo.

El Zen pues, se ve inmerso en ese nuevo Giro de la Ruda del Dharma (¿cuándo estuvo parada acaso? Toda rueda se hace para rodar), que en este nuevo estadio emergente, tan global, conversa con nuevas formas de pensamiento y tradición. La pregunta no es si de aquí nacerá un Zen occidental. Eso puede suceder o no (como vemos en el diálogo interreligioso especialmente con la mística cristiana en obras como las de Hugo Enomiya-Lassalle, sacerdote jesuita), pero no es lo importante. Lo importante es que la esencia no se pierda. La esencia es Silencio y Vacío, vivencia directa y no razonada del Dharma puro: todas las cosas son vacías de sí mismas y su existencia es impermanente. 

No es posible una aproximación a esto desde un razonamiento clásico. La esencia es experiencia directa, por ello no puede trasladarse a otros y menos en palabras... pero sí se puede apuntar hacia esa dirección. Esa dirección es práctica y más práctica de modo continuo hasta que sea no-práctica... aunque siga siendo la misma.

La experiencia no es la experiencia de ayer ni la "gran experiencia del año pasado". Eso sería como decir que "habiendo comido ayer, hoy no tendrás hambre... ¡y mañana tampoco!".
Buscar un logro objetivo en el Zen puede ocurrir... pero es un absurdo. ¿Lo has logrado? ¿Has experimentado una gran Absorción en el Vacío? ¡Enhorabuena! Pero ya pasó, ¿verdad? Así que hoy toca sentarse nuevamente... y preparar la comida también. Esa disposición a que "un nuevo día es un nuevo día" o como se ha dicho tradicionalmente: "un día, una vida", nos lleva a la esencia, siempre joven y siempre presente, como un niño que se preocupa de jugar hoy, no si jugó ayer o si jugará la semana próxima. La verdadera disposición es la del correcto principiante, no la del maestro entronado "más allá de los planos del bien y del mal".

Esa pureza no condicionada por imágenes de proyecciones mentales es el espíritu fresco siempre renovado. Lo que pasó ayer me parece lejano y puede que hasta extraño. Es como el poeta Robert Browning al que le preguntaron por el significado de uno de sus poemas. Él dijo: "cuando lo escribí, Dios y yo conocíamos su significado. Ahora sólo Dios lo sabe". La experiencia Zen se dio en ese acto, no se da en el recuerdo del acto, por eso la práctica de hoy es lo único que puede renovarla.

Es cierto que para el Zen todas las cosas son sagradas, pero hay condiciones que pueden apuntar de un modo más directo hacia su esencia. La enseñanza Zen nace en la tradición del Dharma del Buddha que más allá que una religión o filosofía, es Cultivo de la Mente (bhavana). Por ello es dentro de la verdadera enseñanza universal del Buddha que debemos tener un sustrato sobre el que edificar la práctica del Zen. Esta enseñanza no es un laberinto antropológico, sino el tesoro que aquel gran hombre compartió con el mundo y que todavía a día de hoy sigue poderosamente ayudando a los que se acercan con el corazón y cautivando a los que se acercan con el intelecto.

Comprendiendo esta base fundamental y apuntando en la dirección de la práctica correcta, el Zen seguirá dando nuevas formas en nuevos lugares, pues podemos intuir que la religiosidad separada va cambiando hacia una espiritualidad laica dentro del mundo y de su sociedad, con compromiso con el mundo y todos los seres sintientes. Vemos cómo los mitos del pasado dejan el paso a explicaciones basadas en la ciencia, quedando, eso sí, como historias que pueden aportar una enseñanza o no, pero no una realidad sagrada en sí mismas. 

El lenguaje de esta enseñanza no es indio ni japonés. Buddha usó el lenguaje que más gente pudiera comprender. ¡Es sólo un vehículo! Por eso hay que enfatizar el tener cuidado con los símbolos y objetos que uno coloca sobre un altar. Y a pesar de eso lo llamamos Zen, en lugar de Ch'an o Dhyana... ¿por qué? Bueno, algún nombre teníamos que darle, ¿por qué no? :)
Pero a pesar de las nuevas formas, y aunque éstas puedan ser mejores en muchos aspectos, la experiencia del Zen seguirá sin pertenecer a nadie... por eso seguirá siendo universal.

Mil manos agarran el tallo
¿Quién posee la flor?
¡Nadie! Ni siquiera el Vacío que imaginas en tu mente.

Con las palmas juntas,
Liáng

miércoles, 4 de septiembre de 2019

La evolución del budismo, por Ken Wilber

El siguiente texto está extraído de la obra "El Cuarto Giro" de Ken Wilber, en donde se presenta la evolución de lo que ha sido la gran tradición dharmática y se presenta una posibilidad de evolución de la misma dentro del impacto, cambio y experimentación mutua que se está produciendo en la actualidad en el mundo occidental. Presentamos aquí la parte del libro que muestra la evolución histórica con los así llamados Tres Giros de la Rueda del Dharma.

El Budismo primitivo (primer gran giro)

El Dharma del Buda está en proceso de evolución, crecimiento y desarrollo. El mismo Dalái Lama, por ejemplo, ha dicho que el budismo debe hallarse en consonancia con la ciencia moderna o resignarse a envejecer y acabar convirtiéndose en una reliquia.
Bastará con echar un vistazo a la historia del budismo para entender lo que esto significa. El budismo original se basaba en nociones como la diferencia entre samsara (la fuente del sufrimiento) y nirvana (la fuente de la iluminación o el despertar); las tres marcas de la existencia samsárica, es decir, dukkha (el sufrimiento), anícca (la provisionalidad) y anatta (la ausencia de identidad); las Cuatro Nobles Verdades, según las cuales: vivir en el samsara es sufrimiento, la causa del sufrimiento radica en el deseo o el apego, poner fin al deseo o al apego es poner fin al sufrimiento y que existe un camino para salir del sufrimiento, el Óctuple Sendero (visión recta, intención recta, palabra recta, acción recta, medio de vida recto, esfuerzo recto, atención plena recta y absorción concentrativa recta).
El objetivo último del budismo primitivo era el de seguir el Óctuple Sendero para escapar del samsara (es decir, del reino manifiesto de vida, enfermedad, envejecimiento, muerte y renacimiento) y alcanzar el nirvana, que literalmente significa "extinción sin forma". El prefijo nirquiere decir "sin" y vana ha significado muchas cosas, desde "deseo" hasta "apego", "identificación", "codicia", "ansiedad" y "forma", de modo que su significado global es el de "apagar" o "extinguir". Algunas escuelas hablan de una forma extrema de nirvana llamada nirodh("cesación completa"), que puede ser considerada un infinito despojado de forma y en el que desaparece tanto la conciencia como los objetos. Sea como fuere, sin embargo, el objetivo del budismo primitivo era claramente el de salir de samsara y entrar en nirvana.
La llegada de Nagarjuna (segundo gran giro)
Esa fue la modalidad de budismo que se practicó durante casi 800 años hasta la llegada de Nagarjuna, que prestando atención a la extraña dualidad existente entre samsara y nirvana, llegó a la conclusión de que no existe diferencia ontológica alguna entre samsara y nirvana y de que la única diferencia es epistemológica. Contemplada a través de conceptos y categorías, la Realidad se nos aparece como samsara, mientras que, despojada de conceptos y categorías, es nirvana. Samsara y nirvana son, pues, para Nagarjuna, no-dos (o "no duales"), dos aspectos diferentes de la misma cosa, una puntualización que provocó una auténtica revolución en la teoría y la práctica budista.
Nagarjuna esbozó la doctrina de las "dos verdades", una verdad relativa o convencional y una verdad absoluta o última. La verdad relativa puede ser categorizada y en ella se basan disciplinas como la ciencia, la historia, el derecho, etc. Que el agua esté compuesta de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno es, por ejemplo, una verdad relativa. Pero no hay modo alguno de categorizar la verdad última. Basándonos en lo que se conoce como "los cuatro inexpresables", no podemos decir que la Realidad última sea, no sea, ambas cosas o ninguna de ellas, como tampoco podemos decir que sea el Yo (atman), el no-yo (anatman), ambos o ninguno..., y lo mismo podríamos decir con respecto a cualquier otra categoría. Y la razón de ello es que un concepto solo tiene sentido en virtud de su opuesto (libre versus esclavizado, infinito versus finito, implicado versus explicado, placer versus dolor, etc., etc., etc.). Pero, como la Realidad última carece de opuesto, no hay modo alguno de categorizada (incluida esta afirmación). Según Nagarjuna, "No hay vacío, no vacío, ambos ni ninguno..., aunque, para señalarlo, lo llamamos Vacío" (shunyata o Vacuidad). Es una forma radical de neti-neti (es decir, "ni esto ni aquello"), que llega incluso a negar el mismo neti-neti.
Y esto significa que no existe separación alguna entre la Vacuidad (es decir, la Realidad última) y todo lo que emerge. La Realidad es la Vacuidad de todo lo que aparece. Despojado de conceptualización o categorización, lo que emerge es la Vacuidad o, dicho de otro modo, la Vacuidad es la Realidad de todas y cada una de las cosas de los mundos manifiesto y sin manifestar, la Talidad o Esidad de todas y cada una de las cosas vistas como son, independientemente del modo en que las juzguemos, categoricemos o nombremos. Contemplado a través de conceptos y categorías, el mundo se nos aparece como samsara, compuesto por cosas y acontecimientos separados y aislados cuya búsqueda y apego a ellos genera sufrimiento. Desde prajna (es decir, desde la conciencia no conceptual), sin embargo, el mundo del samsara se nos aparece como el mismo nirvana autoliberado. (El prefijo jna de la palabra prajna es el kno inglés de knowledge y el gno de gnosis y pra es pro, de modo que prajnasignifica "pronóstico", es decir, un conocimiento o conciencia no dual e incalificable que nos transmite la iluminación o el despertar. ¿Despertar a qué? Despertar a la libertad radical, a la liberación infinita de la Vacuidad pura, aunque todos esos términos no dejen de ser, en el mejor de los casos, más que meras metáforas.)
Y, como no existe separación radical entre samsara y nirvana (porque samsara y nirvana son "no-dos" o, como resume El Sutra del corazón la no-dualidad: "la Vacuidad no es más que Forma; la Forma no es más que Vacuidad"), es posible alcanzar la liberación proporcionada por la Vacuidad en cualquier lugar del mundo de la Forma. No es preciso, para alcanzar la liberación, retirarse a un monasterio alejado del mundo, de la forma y del samsara. Samsara y nirvana están unidos y entretejidos en una sola realidad no dual. El objetivo de este camino ya no es el de convertirse en un santo ajeno al mundo (arhat), sino en un bodhisattva (un término que literalmente significa "ser de mente iluminada") comprometido con la sociedad y el medio ambiente que ha hecho el voto de no abandonar el samsara ni refugiarse en un nirvana aislado. El objetivo del bodhisattva, muy al contrario, consiste en abrazar plenamente el samsara, por ello se compromete a alcanzar la iluminación lo antes posible para poder ayudar a todos los seres sensibles a alcanzar asimismo la iluminación que les lleva a reconocer su naturaleza búdica, su profunda naturaleza espiritual.
Este paso adelante del budismo unificó las dos mitades del universo (samsara y nirvana) en una Realidad total e inconsútil (es decir, despojada de rasgos distintivos) y liberó a sus practicantes de la necesidad de escapar del reino del samsara para pasar a abrazarlo con todas sus fuerzas. El mismo voto del bodhisattva refleja paradójicamente ambos pares de opuestos y no solo una de sus mitades. Ya no hay, como afirmaba el voto del arhat, "otros a los que salvar", sino que "como no hay otros a los que salvar, me comprometo a salvarlos a todos", reflejando la verdad de un samsara y un nirvana unidos que han dejado de ser dos.
La noción Madhyamika de la Vacuidad se convirtió, a partir de entonces, en el fundamento de casi todas las escuelas del budismo Mahayana y Vajrayana, como reza el libro de T.R.V. Murti titulado The Central Philosophy of Buddhism, aunque el término "filosofía" quizás no sea el más adecuado para referirse a un sistema que tiene el objetivo de trascender completamente el reino del pensamiento.
El tercer gran giro
La escuela Yogachara alcanzó su madurez en el siglo IV con los brillantes hermanastros Asanga y Vasubandhu (un pensador creativo y original y un sistematizador muy dotado, respectivamente). Juntos elaboraron la mayoría de los principios que acabaron poniendo en marcha el tercer gran giro de la rueda del Dharma y dando origen a las escuelas budistas Yogachara (que significa "práctica del yoga") y Vijnaptimatra ("solo conciencia").
Todas las escuelas Yogachara comparten la misma actitud hacia la relación entre Vacuidad y Conciencia. Como Vacuidad y forma son no-dos, la Vacuidad está relacionada con algún aspecto cotidiano de la forma del que la persona ordinaria ya es consciente, en este caso, la Conciencia pura o Conciencia cotidiana incalificable. Todas las escuelas del Yogachara equiparan directamente, desde una perspectiva última, la Vacuidad a la Conciencia no construida, o la consideran, desde una perspectiva relativa, como una guía útil para los practicantes. Veamos lo que dice al respecto una fuente online que tiene en cuenta tanto la visión última como las visiones relativas de la relación entre Vacuidad y Conciencia (o "Mente", con eme mayúscula):
La postura del Madhyamika es, desde esta perspectiva, últimamente cierta y la visión Solo-Mente es, al mismo tiempo, una forma útil de relacionar las convencionalidades y alentar mejor el avance de los discípulos hacia lo último. En lo que respecta a la visión de una conexión última, el Madhyamika considera inadecuado afirmar la existencia o inexistencia de cualquier cosa real, mientras que algunos defensores del Yogachara afirman que la Mente (o, en las versiones más sofisticadas, la sabiduría primordial) es lo único real. En su intento de describir el fenómeno último no enumerable, meta final a la que aspira la práctica Dzogchen, la escuela Nyingmapa del budismo tibetano Vajrayana emplea la terminología del Yogachara. La visión última es, en ambas escuelas, la misma [la Vacuidad, Talidad o Conciencia Vacía no dual, pura e incalificable] y ambos caminos llevan a morar en el estado último.
(Este es un punto perfectamente resumido por una de mis frases favoritas del budismo tibetano, según la cual: "Todo es Mente. La Mente está vacía. La Vacuidad se manifiesta libremente. La manifestación libre es autoliberadora".)...
Lo que, según el Yogachara, genera la ilusión y el sufrimiento no son tanto los fenómenos (es decir, los hechos manifiestos o los elementos del samsara) como el hecho de contemplarlos a través de la dualidad sujeto-objeto y verlos como objetos. En tal caso, en lugar de ver que los objetos son uno con el observador se los ve como algo separado, como si tuvieran una existencia independiente "ahí fuera", fragmentando así la Realidad total en dos dominios aislados, un sujeto versus una serie de objetos. Y esa operación ―fruto, a fin de cuentas , de la contracción dualista de manas en uno mismo y del teñido del alaya-vijnana― convierte la Talidad, la Esidad o la Realidad pura en un mundo roto, fragmentado, dualista e ilusorio con el que, al identificamos, acabamos sumidos en la esclavitud y el sufrimiento.
El desarrollo del Tantra
Esta visión ligeramente más positiva de la Vacuidad y su conexión con la Conciencia (como dice el zen en el Lankavatara Sutra: "La mente ordinaria, ese es el camino") provocó una unificación entre Vacuidad y forma mucho mayor que la generada por la no revolucionaria dualidad del Madhyamika. Y también tuvo mucho que ver con la creación del Tantra (y de su primo hermano, el budismo Vajrayana), fruto maduro del tercer gran giro.
El Tantra se desarrolló inicialmente entre los siglos VIII y XI d.C. en la gran universidad india de Nalanda. Lo que el budismo primitivo (y la mayoría de las religiones) consideraba pecados, venenos o manchas pasaron a convertirse entonces ―en virtud precisamente de la unión entre Vacuidad y forma― en semillas de la gran sabiduría trascendente. Por ello, en lugar de empeñarse, como hacen tantos enfoques, en negar, reprimir o arrancar el veneno de la ira, por ejemplo, se aproximan directamente a él con la Conciencia no dual, momento en el cual revelan su sabiduría esencial, la claridad pura. Y cuando, del mismo modo, la conciencia no dual abraza la pasión, esta se transmuta en compasión universal.
El primer giro, pues, puso en marcha el camino de la renuncia (un camino que niega los estados negativos como parte de un samsara despreciable), el segundo abrió la puerta al camino de la transformación (un camino que se esfuerza en trabajar sabiamente los estados negativos hasta convertirlos en positivos) y el tercer giro y su correlato tántrico emprendió el camino de la transmutación (que consiste en contemplar directamente un estado formal negativo hasta poner de manifiesto la sabiduría oculta en su vacuidad primordial). Como el lema de este último es el de "convertirlo todo en camino", no existe, para el Tantra, nada que sea tabú (ni la comida, ni el alcohol, ni el sexo ni el dinero), razón por la cual debemos acercarnos amorosamente a todo y abrazarlo (dentro, obviamente, de ciertos límites sanos) como gestos del Espíritu, expresiones perfectas del Dharmakaya, de la Divinidad última. Y todo ello debido al hecho de que lo sagrado y lo profano, lo infinito y lo finito, el nirvana y el samsara, la Vacuidad y la forma no son dominios separados, distintos y fragmentados, sino aspectos coemergentes, interrelacionados y complementarios de la misma y única Realidad total y que, en consecuencia, deben ser igualmente abrazados e incluidos.
Hay muchos que consideran que esta visión radical, fundamento del Tantra y del Vajrayana ―prevalente todavía en el Tibet (o, lamentablemente, en la comunidad tibetana, porque el Tibet se ha visto brutalmente sojuzgado por los chinos)―, es un auténtico "cuarto giro". Y es que, cuando dejamos de ver el mundo como el culpable de todas las ilusiones y pecados (y, en consecuencia, lo despreciamos, negamos y reprimimos) y pasamos a contemplarlo como una manifestación u ornamento del Espíritu, empieza a revelamos sus secretos más profundos. Y, cuando la naturaleza libre de la Vacuidad (una vacuidad que no se opone a las formas, sino que es la Vacuidad real de toda forma) se funde con la naturaleza plena y resplandeciente de la forma, la Realidad se torna resplandeciente, autoexistente, autoconsciente y autoliberadora. Contempladas directamente (yeshe o rigpa) como el Espíritu autoliberador (Svabhavikakaya y Vajrakaya [o cuerpo integrado de la verdad y Verdad adamantina autoliberadora, respectivamente]), las formas que aparecen en esa Realidad que incluye Todo lo que es muestran su secreto más oculto y se revelan como una infinita panoplia de medios hábiles (o upayas).
Vistos y experimentados como algo ajeno al Espíritu, los fenómenos individuales son fuente de dolor y sufrimiento (dukkha), mientras que, contemplados como ornamento del Espíritu, se revelan como fuente de sabiduría, compasión, medios hábiles y luminosidad gozosa o, por resumir en pocas palabras un tema extraordinariamente fecundo, texturas diferentes del mismo Buda primordial.
Ken Wilber, El Cuarto Giro.

domingo, 4 de marzo de 2018

Yin Zhi Shakya (Hortensia de la Torre), 6 de febrero de 1935 - 17 de febrero de 2018

Desde este pequeño lugar de internet queremos hacer un humilde homenaje a una mujer que nos ha ofrecido, a todos los interesados en conocer el Dharma del Buda, el fruto de un trabajo inmenso de traducción y difusión de innumerables textos de la tradición dharmática: la maestra Yin Zhi Shakya (Hortensia de la Torre).

El pasado 17 de febrero abandonó su existencia corporal pasando al "Paranirvana final".

Desde aquí sólo podemos reiterar nuestro mayor agradecimiento por su esfuerzo y su pasión. Su trabajo seguirá estando disponible a través de su web Acharia.

¡Que todos los seres alcancen la Paz!


lunes, 27 de abril de 2015

Observando en la vida diaria

La práctica realizada con entrega total acaba abrazando cada pequeño aspecto del día más cotidiano. Si se permanece suficientemente atento podemos descubrir pequeños -pero grandes- momentos de visión clara hacia nuestra realidad esencial.
Quisiera proponer unos sencillos actos cotidianos en donde podamos "darnos cuenta" de quién está realmente tras todas las identificaciones y condicionamientos. Todos podemos realizarlo de un modo natural, basta con estar atentos.

Puede habernos sucedido alguna vez que de repente sintamos que hemos perdido algo importante, como las llaves o el monedero con las tarjetas y documentos. Buscamos pero no encontramos, repasamos los lugares una y otra vez. Pensamos dónde hemos estado previamente y cuándo usamos por última vez aquello que estamos persiguiendo.
La situación interior se vuelve cada vez más nerviosa por las consecuencias de la pérdida... y de repente... ¡lo encontramos! Sin embargo durante una fracción de tiempo muy, muy pequeña, nuestro interior se mueve con la misma inercia de cuando lo habíamos perdido. Toda la química sanguínea, el pulso y la preocupación permanecen idénticos un breve espacio de tiempo... ¡a pesar de haberlo encontrado! Por un instante cohabitan "dos personas": la que ha perdido y la que acaba de encontrar. ¿Podemos darnos cuenta de que realmente "aquella persona que ha perdido ese objeto no soy yo"?
Se trata de una oportunidad que pasa fugazmente, pero centrando la atención del modo adecuado podemos impresionarnos con todo ese mecanismo psicofísico que sigue con su inercia buscando mantenerse. El mismo mecanismo que muta y se convierte en "ahora soy quien ha encontrado", aunque en esta situación más estable -en comparación a la transición anterior- al sentirse más cómodo uno, le cueste más desprenderse de la identificación.

Otra oportunidad diaria se nos brinda cuando establecemos una conversación con otra persona. Muchas veces interrumpimos o simplemente nos ponemos a pensar en nuestra respuesta o próximo argumento expositivo. ¡No estamos realmente prestando atención! Si nos ejercitamos en escuchar con toda nuestra atención, llegará un momento en el que nacerán las ganas de responder o tomar la palabra y ése es el sutil momento en el que dejamos de atender para dirigir el flujo del agua hacia los embalses de uno mismo. La dinámica mental de la identificación con el personaje que creemos ser renace y se manifiesta. ¡Éste es el momento de ver con claridad quién empuja con fuerza pretendiendo formarse con la energía que reclama para sí! Si lo vemos con claridad, es fácil reconocer que aquello no tiene nada que ver con quien es testigo de la manifestación de eso otro.

¿Quién es el verdadero testigo de los movimientos y de la manifestación?
Cualquier respuesta es un engaño.
¿Quién está queriendo responder?

Wù Liáng Shakya



martes, 17 de febrero de 2015

Respirando como una tortuga

Liu I-Ming (China, s. XVIII) siguió la tradición taoísta de los antiguos maestros. Al igual que tantos otros miraba frecuentemente la naturaleza para descubrir el Camino en las cosas más cotidianas y sencillas. Entre ellas, se encontraba el modo de respirar de los pájaros y de las tortugas. Al ver sus diferencias entendía que las aves vivían una vida más corta porque respiraban muy rápido y su corazón funcionaba muy aprisa. El caso contrario estaba en las tortugas, muchas de ellas centenarias, que expresaban su tranquilidad en respiraciones lentas.

Más allá de la clara aplicación saludable de una respiración lenta y serena, tenemos que aproximarnos a algo más importante: su origen. Ello nos lleva a centrarnos en la Causa que se expresa en lo concreto de una respiración lenta y profunda. No es una respiración por sí misma o encerrada en sí misma, sino uno de los frutos que da una mente en calma. Cada acción, cada pensamiento, cada silencio debe nacer desde este mismo estado de ecuanimidad y contemplación. Esto puede ser practicado realmente si dejamos que cada momento participe de ese mismo sabor sereno y relajado. No se trata de andar medio dormidos con la tensión arterial por los suelos, sino caminar desde una mente diáfana, libre de ataduras psicológicas (soltando lenta pero constantemente), pero participando del mismo modo en la realidad de cada día.

Existen personas que nos muestran esta enseñanza desde su propia vida de un modo ni forzado ni pretencioso. No hacen cosas extraordinarias, sino que hacen cosas normales de un modo extraordinario, actuando desde ese estado donde no están colocando un ego emisor de juicios o receptor de piropos. Tal vez pudiéramos todos entender mejor el Hacer-No-Haciendo (Wei Wu Wei) si supiéramos saborear ese trasfondo que actúa sin ser protagonista a la vez que soltamos definiciones o relativizaciones que son tanto del agrado del ego.

Esta esencia profunda y verdadera, rostro original o como quiera ser llamado (los nombres son sólo como el dedo de Hui Neng que señalaba la Luna) está ahora mismo en ti, mientras lees estas palabras, de hecho es lo único que puede estar realmente en ti perdiéndose todo lo demás. Incluso estas limitadas y torpes palabras sobran. Bastaría con respirar desde la profundidad y serenidad que se encuentra detrás de los pensamientos, imágenes, problemas y gustos.

Respirando y mirando el mundo desde los ojos de una sencilla tortuga.

jueves, 28 de agosto de 2014

Anātman, la característica del No-Yo

En el camino del Dharma, no se busca que las enseñanzas o los sermones sean aceptados sin más. No se puede aspirar tampoco a la aceptación a través de un razonamiento intelectual. Esto es algo bueno, es magnífico que la evolución haya dado la capacidad de razonar a la especie humana. Sin embargo no podemos limitarnos a definirnos a nosotros mismos como ‘aquello que razona’ o ‘el producto de todos mis razonamientos’.

Somos una expresión de vida y de consciencia. Por ello sentimos, pensamos, actuamos y cambiamos. Cada una de estas expresiones tiene un inicio y un fin. Cada sensación, cada pensamiento y cada acto nace y muere, pues su naturaleza es impermanente. No son por sí mismos. No tienen una existencia independiente. Esta ley de la naturaleza es la misma que vemos en nuestro propio cuerpo, que cambia momento a momento, y en cada cosa en la que ponemos nuestros ojos. ¿Dónde está su existencia? Ello es un momento, un suspiro, un abrir y cerrar de ojos en donde nos engañamos a nosotros mismos, porque somos capaces de ver las olas en la superficie, apareciendo y desapareciendo, pero no nos damos cuenta del fondo del mar.

Nos confundimos porque hablamos de ‘olas’ y de ‘mar’, de ‘esto’ y ‘aquello’ y nos separamos de su propia realidad.

Cuando nos centramos en la meditación usando la atención en la respiración, anapanasati, decimos que el aire entra por las fosas nasales y el aire sale por las fosas nasales. Esto está bien para empezar, pero hay que ir más lejos. Estamos PENSANDO ‘ahora el aire entra’ y ‘ahora el aire sale’. ¿Dónde está el aire? No hay una cosa que sea por sí misma ‘aire’. Deberíamos decir ‘entra y sale una masa de gases de distintos tipos por mis fosas nasales’. Aunque más que ‘gases’, ¿por qué no hablar de moléculas? ¿Por qué no de átomos? ¿Por qué no hablar de sus integrantes? ¿Qué hay de las divisiones de éstos? ¿Quarks? ¿Vibraciones? Por lo visto no salimos del dominio de los pensamientos. Ser conscientes de nuestra respiración no es analizar lo que sucede, no es tomar las entradas sensoriales y juzgarlas, aunque sea de un modo científico, sin apego o aversión. Observar es observar. Atención es atención. Si queremos llegar a vivir con plena consciencia no podemos quedarnos atrás en el dominio de la mente que piensa y analiza. Si los pensamientos surgen, eso no es algo malo. Hay que mirarlos con la ecuanimidad que nos permita no aferrarnos a ellos. Así mostrarán su verdadera naturaleza, que es la impermanencia. Tal y como han venido, se irán de nuestro campo de atención. Así también ocurre con las sensaciones de nuestro propio cuerpo.

Pensar en la respiración no es tomar consciencia de la respiración. Soltando entonces los conceptos nos queda la experiencia desnuda, tal cual. De nuestros conceptos emerge la multiplicidad de las cosas que vamos definiendo, a veces de un modo enfermizo. Nacen los mil ‘yoes’ y, mientras los agarramos en nuestra mente, no somos capaces de ver la impermanencia. Ver la impermanencia no es conceptualizarla, aunque en un escrito como éste estemos recurriendo continuamente a las palabras. Ver la impermanencia es resultado de la Correcta Atención, así como el engaño que nos creamos nosotros mismos al definir y conceptualizar todo lo que está a nuestro alrededor. Esto no debe ser válido como razonamiento, ni nada parecido. Como mucho podrá ser tomado como referencia para ver la evolución de la práctica del camino meditativo.

Si allá donde hemos puesto conceptos y nombres hay impermanencia en todas las cosas, ¿dónde está la impermutabilidad que pretendemos llamar el ‘yo’ de esto o aquello? Si la disolución alcanza cada rincón de la mente, aunque sea por un instante diminuto, entonces se empieza a intuir la verdadera naturaleza, no de un objeto, una persona o una idea, sino la verdadera naturaleza de la verdadera naturaleza.

¡Soltemos las prisiones de los conceptos y de los yoes! Y respecto a estas palabras no aceptéis nada de esto, pues nos quedaríamos en una nueva cárcel intelectual. Vivamos y experimentemos la respiración y cada cosa con atención plena, no nos dediquemos a pensarla.

Impermanencia, No Existencia de un Yo independiente o por sí mismo, y Sufrimiento por no entender realmente esta Verdad de la Naturaleza, no son tres cosas (aunque lo definamos como las caracteríasticas de todas las cosas), a pesar de usar estos términos o conceptos para comunicar unos a otros cosas más profundas que están bajo las cáscaras.

Os deseo que la experimentación directa de esta realidad nos libere a todos.

Wù Liáng Shakya